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Moda es todo lo que pasa de moda

27/2/2011

"La moda no es un arte, pero para dedicarse a ella hay que ser un artista". Así se despedía el gran maestro de la alta costura de la segunda mitad del siglo XX, Yves Saint-Laurent, de lo que le había dado de comer durante cincuenta años. La moda es una disciplina que existe desde tiempos inmemoriales. Es una de esas cosas que parece haber estado siempre presente en las sociedades civilizadas. A fin de cuentas, resulta imposible pensar en una sociedad humana sin vestimenta.


DIME CÓMO VISTES Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Este universal se puede aplicar a cualquier civilización y contexto espacio-temporal. Los antiguos egipcios no son la excepción, pues la ropa que ellos vestían constituía un símbolo de su condición social. La civilización del Nilo se caracterizaba por limitar la vestimenta a un faldín, un simple trozo de lino rectangular que se envolvía alrededor del cuerpo para cubrir desde la cintura hasta las rodillas. Pero los altos funcionarios, los nobles y, máxime, la realeza vestían un tipo diferente de ajuar. Y sí, es correcto referirse a su indumentaria como ajuar, ya que en último término los faraones eran enterrados con toda su indumentaria, collares, cinturones, joyas, aros, brazaletes, pectorales, sandalias, etc., constituyendo éstos verdaderos tesoros. A pesar de que actualmente la moda masculina ha ido ganando terreno, aún a día de hoy la moda sigue siendo mayoritariamente cosa de mujeres y ya en el Antiguo Egipto la moda femenina evolucionó mucho más que la masculina. El color básico de los vestidos era el blanco, pero a la vez se teñían algunos hilos con colores, sobre todo rojos o marrones, con los que se creaban composiciones geométricas.

En el Imperio Medio apareció la estética de dejar en libertad parte de la anatomía femenina. Así, el busto pasó a mostrarse sin reparos y de forma sugerente. Ya en el Imperio Nuevo, los vestidos femeninos pasaron a convertirse en lo que hoy identificaríamos como “ropa interior”. Las transparencias y los pliegues aparecen en su apogeo y marcan las curvas del cuerpo femenino. Es importante resaltar el uso de las pelucas, atributos de las clases superiores por excelencia. Se han encontrado incluso una especie de tenacillas para ondular el pelo de las mismas y hasta alguna peluca con restos de cera de abeja para fijar las ondas. Así, las pirámides se convertían en testigo del nacimiento de lo que podría considerarse un nuevo arte: el arte de vestir bien.


PERO, ¿QUÉ ES VESTIR BIEN?

El fin que persigue el arte en el vestir es la elegancia. Pero también se dice que la elegancia es casi una condición innata, inadquirible, que no está en la maestría del sastre que nos viste, sino en nosotros mismos. A pesar de esto, a lo largo de la Historia, el ser humano no ha cesado en su intento de “parecer elegante”, identificándose quizá erróneamente con “ir a la moda”. Y así, cada período se ha identificado por un tipo diferente de moda, por un tipo diferente de patrones de lo que se consideraba vestir bien. Por tanto, ya que explicar toda la historia de la moda resultaría imposible, casi utópico, al existir tantos estilos como personas, la mejor manera de hacerlo es llevar a cabo un breve repaso de los personajes y los estilos que han marcado cada era. En definitiva, una historia de la moda con nombres propios.


MARÍA ANTONIETA: VIVIR PARA LA MODA

Ya hemos dicho que la historia de la moda ha existido desde mucho tiempo antes, pero uno de los puntos de partida de lo que hoy concebimos como moda podría marcarse en el siglo XVIII. La princesa real de Hungría y de Bohemia, archiduquesa de Austria, reina consorte de Francia y Navarra, la gran María Antonieta, es el mejor ejemplo de lo que podríamos considerar una “fashion victim” del XVIII. Si Francia comenzaba por aquel entonces a condecorarse todas las medallas de Capital de la Moda, Maria Antonieta era el propio emblema de la misma. Una chica demasiado joven para reinar, educada para eso, frívola, pródiga del esnobismo, sumisa al delirio consumista, la reina de Francia vivía obsesionada por la moda y por los zapatos. Y entre zapatos, pelucas, espesos maquillajes y grandes armazones se convirtió en la protagonista de una época marcada por cierta fastuosidad en el vestir. Criticada en la corte francesa por su condición de extranjera, Maria Antonieta convertiría la moda en su arma para lograr el respeto de una sociedad obnubilada por la fachada y obsesionada por la galería.


Lo más llamativo de su atuendo eran sus extravagantes peinados y sombreros, que serían imitados por desde aristócratas hasta plebeyos. Algunos de sus peinados eran tan altos que se dice que en los carruajes tenían que abrir un agujero en el techo para que cupiesen las señoras. Junto con Rose Bertin, a la que había otorgado el título de Ministra de Moda (seña de la obsesión de la reina por su aspecto), comenzará un trayecto imparable de lujos capaces de llenar tres habitaciones de Versalles con sus modelos favoritos, ya que del resto se deshacía. Puso de moda el toile de jouy no sólo para tapicerías, sino también para vestidos. Ella los utilizaba con chal, pamela y escarpines de seda. Se dice que Maria Antonieta vivía en un mundo irreal y tal era su desconocimiento de la realidad que cuando le contaron que la gente del pueblo no podía comer pan contestó “¡Pues que coman pasteles!”. En resumidas cuentas, el estilo de Maria Antonieta no pasaría a la Historia precisamente por su sencillez, sino más bien por todo lo contrario, constituyendo fielmente lo que en todas las artes se conocería como estilo rococó. Pero ni sus pelucas ni sus extravagantes vestidos la salvarían en 1793 de la guillotina. Resulta curioso que, tras la Revolución Francesa, su Ministra de Moda pasara a vestir a las mujeres de los altos cargos de la Revolución. Pero, como se suele decir, “los mismos perros con distintos collares”.


BRUMMEL: SERVIRSE DE LA MODA

Hasta el siglo XIX, los hombres habían ocupado un lugar muy secundario en el juego de la moda. Las mujeres, que disponían de mucho tiempo libre, dedicaban su tiempo a mimarse y a gastar el dinero de los hombres en vestidos y tocados, un mecanismo ideal para dejar claro su estatus social. En la primera parte del siglo XIX, viviría un joven bastante humilde, Georges Brummell, al que se ha considerado el primer dandi de la moda. Con su imagen siempre perfecta, utilizaba la moda para aparentar lo que no era y ocultar su condición humilde. Suponía lo que se consideraba para el momento todo un caballero: cuidaba hasta el más mínimo detalle de su apariencia y conseguía así introducirse en los círculos más exclusivos. Consiguió engañar hasta a sus biógrafos, que llegaron a redactar de él que era un joven aristocrático y un sibarita apasionado por el arte.


WORTH: LA CREACIÓN DE UN ARTE

La segunda parte del siglo XIX marcaría el inicio de la moda tal y como la conocemos hoy en día. De la mano de Charles Frederic Worth nacería la alta costura y la costumbre de organizar desfiles, estos primeros en su propia casa. La ropa pasaba así de estar en manos de modistos a constituirse estos mismo como diseñadores. Los vestidos de Worth transmitían romanticismo y fantasía; eran prendas vaporosas con gasas de aspecto delicado y los colores se limitaban a pasteles, rosas y blancos ligeramente azulados. El término “couturier” fue acuñado para referirse a él y durante este período nacieron muchas casas de moda que contrataban a artistas para diseñar sus prendas. Así, las imágenes podía ser presentadas a los clientes de forma mucho más económica: había nacido la tradición de los bocetos. Más tarde, durante la denominada belle époque, los vestidos almidonados y con enagua marcaban la moda. El ideal de mujer de entonces debía ser de pecho erguido, caderas anchas y nalgas sobresalientes.


COCO CHANEL: REVOLUCIONARIA DE LA MODA

El siglo XX marca la nueva era de la moda, una moda cuyas musas, hasta los años '50, serían las divas de Hollywood. El corsé cae en desuso y la mujer deja al descubierto sus curvas naturales gracias a la maestría de Coco Chanel, que, con su particular manera de ver el mundo, revolucionaría la indumentaria femenina. Coco defendía a ultranza la comodidad y la elegancia como iconos de estilo. Resulta extraordinario que la creadora del glamour fuera en realidad una muchacha de origen humilde, educada en un orfanato por unas monjas que le enseñaron a coser. Y, sin embargo, Coco no hubiera sido la misma si su infancia hubiese sido otra. Al inventar la moda sport, Coco liberó el cuerpo de la mujer: era sólo el inicio de su particular revolución y el fin de la belle époque. Hasta su llegada al mundo de la alta costura, la moda femenina se caracterizó por un perpetuo martirio que avalaba el dicho “Para presumir hay que sufrir”. La incomodidad y poca libertad de las prendas eran fiel reflejo de todas las costumbres que reprimían a la mujer. Pero con Coco nació una nueva era, una era en la que por primera vez la moda femenina era creada por ellas mismas y no por hombres. La nueva imagen era la de una mujer trabajadora y eficiente, que luchaba por obtener el derecho a voto y que se inmiscuía en los asuntos que hasta entonces eran privilegio del poder masculino. Así, Chanel comenzó a crear lo que se denominó traje sastre, el modelo más adecuado para los nuevos tiempos. A pesar de que había comenzado su carrera profesional desde su juventud, su estilo cómodo y práctico triunfaría en los años de entreguerras. Introdujo materiales más simples y baratos, creando entonces los trajes de punto, tejidos finos que otorgaban más flexibilidad para la nueva mujer.


DE CHANEL A NUESTROS DÍAS: PLURALISMO CREADOR

Tras la Segunda Guerra Mundial, podría considerarse que la moda se extendió y tomó diferentes derroteros. Ya no podremos decir que un estilo marca una década, sino que la moda se sucede cada vez a más velocidad, resultando casi imposible (y bastante caro) ir siempre a la moda.

En los años '50, la música rock y el poder norteamericano se impusieron con iconos como Elvis Presley o Marilyn Monroe, cuya melena desplazó los moños y sombreros de los '40.

En los años '60, los Beatles crearon una moda particular de melenas largas y botas puntiagudas, lo que causó una gran revolución social que desafió los rígidos cánones a los que los jóvenes estaban sometidos. A mediados de esta década, este desafío juvenil se llevó al límite imponiendo la “mini”, que reducía a un pequeño trozo de tela a ras de las nalgas las antiguas faldas hasta la rodilla, para indignación y escándalo de los padres. Comenzaba así la moda a identificarse como símbolo de la evolución política y social de un pueblo donde todo repercute en la manera de vestir y desenvolverse.

En los '70, se confirma la pluralidad de formas y estilos. Resulta llamativa, aun así, la irrupción de los brillos a consecuencia de “Fiebre del sábado noche”, la película de culto del momento.

Su evolución ha confirmado, pues, que la moda se constituye cada día más como una representación artística. Muestra de ello son las cada vez más numerosas ferias e instituciones creadas en pro de su evolución. El Museo del Traje, en Madrid, por ejemplo, recoge las distintas tendencias desde el siglo XV hasta nuestros días. Invertir en moda, a gran escala por supuesto, es a día de hoy invertir en arte. La alta costura se paga a precio de arte. Los propios diseñadores conciben su trabajo como arte. Quizá debamos sumar un octavo, de la misma manera que se hiciera en su momento con el cine, y afirmar taxativamente que la moda, la alta costura, la elegancia, los vestidos, los desfiles, etc. constituyen definitivamente el último arte.

7 reflexiones:

Alicia Matía dijo...

En cuanto a este arte, solo puedo decir que me resulta divertido, la forma en que evolucionan las cosas...ahora se llevan,ahora no,ahora otra vez,luego ya si lo llevs eres un ortera. Algunos no consderarían la moda como arte pero yo creo que sí lo es, como dice mi compañera en su entrada ya hay ferias, eventos internaicionales, estudios exclusivos para ser diseñador/a...etc. Yo creo que es fundamental, cuando vas a cualquier sitio la ropa que lleves es tu carta de presentación, como todo son prejuicios en esta sociedad por la ropa te definen en un primer momento así que no es algo que haya que toamr a la ligera. Es una forma de definirte como persona, aunque he de decir que yo no pienso mucho lo que me pongo pero también me gusta ir arreglada y un poco conforme la moda, las cosas como son. :-).

PD: Mensaje personal para la escritora de la entrada, María me acordé de ti leyendo un libro porque la protagonista decía si Dios hubiera querido que hiciesemos deporte habría procurado que estuviesemos sexys con el chándal y como a nosotras nos gusta tanto el chándal...(ironía)

Laura Gil Alcalde dijo...

Me parece superinteresante toda esta entrada, sobretodo desde el punto de vista que has enfocado la figura de Coco Channel, cuál revolucionaria de la moda. En relación con esto quiero comentar dos cosas. Primero, que hay una película que refleja toda la historia de esta modista "Coco, de la rebeldia a la leyenda de Channel" que da esta misma visión de la artista.
Por otro, en relación al enfoque de revolucionaria, quiero destacar que, en mi opinión, si quieres crear moda, debes ser una revolucionaria, romper moldes, es así como se pasa a la historia y como se crean modas.

Nacho dijo...

Buah, esta entrada es sencillamente brutal, ya te lo dije en persona... Sé tan poquito de moda (fíjese usté, es el arte que precisamente me vaya) que cualquier cosa que me digas sobre ello es un mundo para mí. Ahora quizá pueda considerarme ligeramente más ducho en el tema, aunque imagino que me queda tantísimo por aprender... Supongo que no se puede saber mucho de todo, ¿no? El que mucho abarca...

Sea como fuere, no puedo dejar de comentar tu frase lapidaria: indudablemente, la moda es el octavo arte, y eso no lo pienso discutir bajo ningún concepto, ya que al crear este blog no queríamos estar atados por ninguna convención, y menos aún por la de qué es arte y qué no lo es. Si para nosotros es arte, aparecerá en este blog, ¡que para algo es nuestro!

Marta Herrera dijo...

Siento crear discurdía en este apartado, pero no creo que la moda sea un arte. Tiene un mínimo de creatividad pero no llega a ser comparable a los demás ni de lejos. Fundamento mi teoría e nque la moda se basa en la repetición de las tendencias anteriores con ligeras modificaciones y eso n oes crear es robar y modificar...Si fuera un arte no estaríamos volviendo a las modas de los 20, los 30, los 40 y hace poco a los 80...
Las faldas de tubo, las hombreras, las camisas...no es ni revolucionario ni artístico.

Nacho dijo...

Te equivocas de pleno, Marta. Una cosa es que tú no sepas ver el arte en ello, pero no puedes quitarle mérito al arte de vestir bien. Una pasarela de moda es mucho más de lo que parece, el problema reside en los ignorantes que piensan "¿Quién se pondría eso?". Obviamente, nadie, pero es que las "exposiciones" de moda son así: no se limitan a exponer simplemente, sino que realzan, hiperbolizan los diseños. Y si eso no es arte, poco lo es.

Lo que más gracia me hace es que digas que la moda es cíclica. ¿Y no lo es todo el arte? Fíjate en la pintura, la escultura o la arquitectura: es todo el rato lo mismo. La corriente de un siglo (Y) se opone a la del anterior (X) y posteriormente surge una nueva contracorriente (Z), que inevitablemente habrá de seguir la línea de la anterior a la anterior (X). A no ser que introduzcas el revolucionador concepto de que una cosa pueda tener distintos contrarios (lo cual sería del todo ilógico), es lo mismo que dices. Y no por ello deja de ser arte, así que creo que has elegido malos argumentos para defender tu postura.

Ángel Serrano Sánchez de León dijo...

Muy interesante, la verdad. Lo que pasa es que yo creo que lo que ahora vemos en los desfiles de moda no es "moda", sino una auténtica tomadura de pelo.

Anónimo dijo...

Este blog y especialmente esta entrada me ha parecido muy interesante no obstante he de hacer mención a una frase que se ha hecho referencia en esta entrada y que desde la revolución francesa se puso en boca de María Antonieta cuando a esta un asesor de la corte la dijo ``Majestad el pueblo de Francia pasa hambre, no tienen pan´´ a lo que supuestamente contestó ``si no tienen pan, que coman pasteles´´. Realmente María Antonieta nunca llegó a pronunciar esa frase. La famosa frase procedía de una tira cómica que por aquella Francia pre-revolucionaria se publicaban en periódicos con el objetivo de ridiculizar a la Familia Real y avivar el odio y el desprecio del pueblo hacia la Corona.
No obstante felicito a los creadores del blog, ¡Un éxito!.

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